Surf, niños y mar: la importancia de no dejarlos solos en la playa
El surf y la playa forman parte de un entorno que atrae especialmente a los niños. El agua, el movimiento, las tablas, la arena y la sensación de libertad generan una mezcla irresistible de juego y curiosidad. Para ellos, la playa no es solo un espacio natural, es un lugar de exploración constante. Y precisamente por eso, también es un entorno que requiere atención continua.
Los niños no perciben el riesgo de la misma forma que los adultos. Donde un adulto ve corrientes, cambios de marea o tablas en movimiento, un niño suele ver solo diversión. En zonas de surf, esta diferencia de percepción es todavía más importante. El mar cambia rápido, el entorno es dinámico y los estímulos son muchos. Bastan unos segundos de distracción para que una situación aparentemente tranquila se complique.
Dejar a los niños solos en la playa, aunque sea “un momento”, implica asumir riesgos que muchas veces se subestiman. No se trata solo del agua. También entran en juego factores como el viento, el frío tras salir del mar, el cansancio o la desorientación. Después de surfear o jugar en el agua, los niños suelen estar más vulnerables: bajan la guardia, pierden calor corporal y siguen queriendo moverse sin ser del todo conscientes de su estado.
Acompañarlos no significa limitar su libertad, sino todo lo contrario. Significa crear un entorno donde puedan disfrutar con seguridad, sabiendo que hay una mirada atenta cerca. La presencia de un adulto aporta calma, orden y referencias claras en un espacio que para ellos es enorme y cambiante. También ayuda a que aprendan, poco a poco, a respetar el mar y a entender que no siempre se comporta igual.
El surf puede ser una actividad maravillosa para los niños si se vive desde el acompañamiento y la atención. Compartir esos momentos junto al mar refuerza la confianza, fomenta el respeto por el entorno y reduce riesgos innecesarios. La playa no es un lugar peligroso por sí misma, pero sí exige conciencia, especialmente cuando hay niños.
Al final, no se trata de tener miedo, sino de estar presentes. Porque en la playa, igual que en el mar, la mejor prevención es la atención constante y el acompañamiento cercano.
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